miércoles, 3 de junio de 2015

EL ESTIGMA Y LA DISCRIMINACION Ciudadanos estigmatizados, sociedades lujuriosas

Fernando Stern
Editorial Noveduc

Discuto conmigo. Es un histórico deporte emocional e intelectual que la profesión y la especialidad han exacerbado. En este caso, discuto la elección de lo escrito en este libro. Podía haber escrito sobre los avatares de los grupos humanos, o acerca del fenómeno de las organizaciones sociales, dos temas que también me atrapan. Pero no elegí estas temáticas, si bien se deslizan a lo largo de la obra. 

Probablemente este libro sea la expresión resultante de una combinación que conjuga mi interés profesional, aspectos de mi propia historia personal y lo que se desconoce, lo que se busca y busca respuestas. De esto resulta la elección de la familia, la discapacidad, y otros temas conexos. 
Sé que estas temáticas son sensibles, polémicas e inevitables porque constituyen aspectos fundamentales de la vida humana, de la condición humana. 
Sé que introducirme en lo familiar hace a lo sensible de cada ser porque circula por el desfiladero que bordea y suscribe el origen de cada uno de nosotros. El origen psíquico, el origen cultural. Aquello que nos familiariza, que nos brinda la inauguración de la subjetividad y alberga la simiente de nuestras inscripciones como persona. 
Me introduzco en aquello que nos implica en nuestra construcción como personas vulnerables. Un mal signo para los tiempos de la fortaleza corporativa y de las deidades siliconadas, probablemente una elección descuidada y reminiscente: hablar de temas tristes. 
Sé que plasmar en hojas mi quehacer y experiencia en discapacidad va a re-familiarizarme en tanto historia, con mis futuros eventos esperanzados y mis desencantos históricos. Que poner en este papel años de trabajo y cotidianidad vuelve a exigirme un compromiso vigoroso con una manera de pensar las diferencias, las desigualdades, las igualdades y lo común desde mi lugar profesional. Difícil se me hace concebir la puesta en palabra técnica, científica de estas temáticas sin ideología. Probablemente, los compañeros de recorrido profesional, los amigos, los alumnos, testigos históricos de mis pareceres, podrán dar cuenta de esto. 
También sé que ambas cuestiones son y hacen a la polémica, a la exposición de las ideas que para muchos no son sólo ideas, no sólo trabajan en la abstracción sino que conforman historias de vida. Historias que todos los días insisten con su obsecada y testimonial presencia. Historias de vida gracias a las cuales intento mantener bajo un equilibrio ilusorio mis costados sensibles con la rigurosidad científica. 
No pretendo que este trabajo se constituya a manera de manual. No por descartar su valor didáctico y ordenador, tal vez porque, más que dar respuestas taxativas o reivindicativas, intenta abrir interrogantes. 
Espero que pueda alimentar el patrimonio cultural de quienes hacen ligazón en el quehacer cotidiano con familias y personas con discapacidad. Que convoque a referentes diversos en estos campos bajo un signo que es matriz de convocatoria: el respeto de y a las diferencias, distinguiendo en forma valorativa -y valga la continuidad semántica- el respeto de la tolerancia, considerando a esta última como un disfraz habitual de la soberbia. 
Que pueda nutrir el vasto campo del intercambio entre las ideas y las prácticas. 
Que pueda transmitir la experiencia que se ha nutrido del conjunto de las experiencias desarrolladas con muchas personas que aportan cotidianamente al mejoramiento de la calidad de vida de nuestras sociedades.
Que pueda ser útil para la formación de personas profesionales. Que les sea útil como personas y como profesionales. Este distingo no es arbitrario. Procura unir porciones de saber con pinceladas de pasión a sabiendas de que en mi propia experiencia ambos son indisociables y que de esta mezcla se desprende lo que intento transmitir.
Que pueda aportar algún significado nuevo. Que éste pueda circular, resonar y convocar aportes para la continuidad en la construcción de conocimientos y quehaceres que sean patrimonialmente comunitarios. Considero que para intentar y -aún más esforzadamente- lograr esto se requiere un mayor esfuerzo de quienes son sujetos de la diferencia excluyente que de aquellos de quien se espera, en gran parte ilusoriamente, una aceptación inclusiva. A mi gusto esto no es pesimismo ni escepticismo. Es otro intento de no apiadarme ni conmiserar dado que ambos atributos me resultan, a los fines de este trabajo, “poco científicos”.
Por último, en este prólogo me permito expresar algunas consideraciones acerca de las cuales tendré que dar cuenta y ordenar para la comprensión del lector.

Este material contiene una gran dosis de anarquía. Este material es el producto anárquico que intenta ayudar a resolver la histórica compulsión a decir lo que se debe decir. Dice lo que puede, lo que se puede saber hasta hoy y lo que se puede saber abrir para seguir pensando.






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