martes, 28 de octubre de 2014

El monstruo que se comió la oscuridad

  Autor: Joyce Dunbar

 Ilustrador: Jimmy Liao

Editorial Barbara Fiore



Un niño solo en su cuarto luchando contra su temor a la oscuridad para poder conciliar el tan ansiado 
y reponer sueño, es una figura que todos tenemos presente porque todos la hemos vivido alguna vez…
 o no? Pero el caso es que, a diferencia de la mayoría de nosotros, el protagonista de este álbum 
ilustrado si tenía razones para estar inquieto porque debajo de su cama, donde la oscuridad 
es aún más negra y terrorífica, si se escondía un monstruo. Uno pequeño, pequeñísimo, pero
 al fin al cabo un monstruo, que además tenía un hambre enorme. Primero probó zamparse unas
 pantuflas,…!un asco total!, luego un cochecito de juguete,…¡qué dolor de encías! Hasta que
 encontró una caja debajo de la cama que tenía un agujerito por el que se asomó y a través del 
cual solo pudo ver oscuridad. ¿Oscuridad?, habrá que probarla pensó, y se la sorbió toda y
 se relamió feliz y contento de su hallazgo. El pequeño monstruo era insaciable, así que luego 
de terminarse la oscuridad de la caja empezó con la de los cajones del armario, los dobleces de
 las cortinas, el sótano, las madrigueras de los conejos, y así terminó por engullirse la noche entera.
 No quedó más que un planeta insomne, luminoso y triste al mismo tiempo porque las estrellas ya 
no brillaban, la luna desaparecía, los búhos se caían de los árboles y los gatos perdieron todo su
 glamour porque sus ojos no brillaban más sin oscuridad. Y en medio de esa inabarcable luminosidad
 alguien lloraba desconsolado porque no podía dormir. El monstruo, ahora enorme luego de haberse
 engullido la noche, sintió compasión por el pobre niño y se escurrió dentro de su cuarto, lo sacó de
 la cama y lo cobijó entre sus enormes y oscuros brazos mientras le cantaba una nana para hacerlo
 dormir. ¿A que no es linda esta imagen?, la de un niño que es arrullado por la oscuridad, justamente
 aquella que, entendemos y sentimos, es la causa de nuestros desvelos.
Esta historia no es solamente un excelente ejercicio terapéutico para todos aquellos pequeños 
para quienes la oscuridad les deja un espíritu inquieto que les espanta el sueño, es además una 
estrategia educativa sumamente interesante: la de llevar al límite ciertas situaciones para exponer con
 claridad la real naturaleza de las cosas. Ya lo hizo Saramago para instruirnos sobre la necedad 
de los sistemas políticos autoritarios con “Ensayo sobre la lucidez”, o sobre la complejidad de la 
naturaleza humana en “Ensayo sobre la ceguera”. Nada mejor entonces para hacer que nuestros
 pequeños le pierdan el miedo a la oscuridad que mostrarles un mundo sin ella. No voy a hablar 
esta vez de las ilustraciones, solo les voy a decir que son autoría de Jimmy Liao, por lo que pueden 
estar seguros que tendrán en sus manos una obra de arte.
Juan Carlos Rheineck



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