sábado, 30 de agosto de 2014

PAPELES DISPERSOS

Norah Lange
BEATRZ VITERBO EDITORA
Si el relato biográfico de un autor se ordena a partir de su obra publicada es sencillo inferir que los textos
que se agreguen a ese conjunto que se creía estabilizado reorienten la dirección de las lecturas posteriores. Así, cuando los textos dispersos se dan a conocer, venciendo las lógicas de lo secreto y olvidado, se reacomodan y obligadamente se recuestan sobre esa obra que los antecede y justifica, proponiendo un reverso o contrapeso de la biografía que la sostiene. Dicha emergencia invita a la verificación o desvío de lo conocido; probablemente al descubrimiento de lo inesperado y a su extrañeza. De este modo, los así llamados papeles dispersos, de interioridad desunida –variada, plural, diversa– tejen una continuidad, el hilo invisible que enlaza los puntos conocidos con los inéditos de una obra con firma impresa y de bordes ahora extendidos. Los que aquí se presentan resguardan esa trama, la sustancia oculta que demoró esta aparición y que pone en movimiento una serie de patas que tensionan los mundos narrativos, poéticos, discursivos de la escritora Norah Lange. Se encaminan, como ya había ocurrido con la edición realizada por esta misma editorial de la novela póstuma El cuarto de vidrio, a ir retocando y

completando los límites antes dados”.
Norah Lange nació y murió en Buenos Aires. Como muchos escritores, Berta Nora Lange no sólo modificó su nombre para llegar a su nombre de autora, Norah Lange; también cambió su fecha de nacimiento, retrasándola un año. Sus partidas de nacimiento y defunción establecen las siguientes fechas: 23 de octubre de 1905 – 4 de agosto de 1972, respectivamente. César Aira, en el Diccionario de autores latinoamericanos, se refiere a ella de esta forma: “Una de las cinco hijas mujeres de un ingeniero noruego que trabajó varios años en la provincia de Mendoza, donde ranscurrió la infancia de la escritora. De regreso en Buenos Aires, la familia vivió en una casa del barrio de Belgrano, por entonces un suburbio alejado, donde se daban cita los jóvenes poetas vanguardistas de los años veinte, en animadas tertulias que sus concurrentes recordaron siempre con nostalgia (las Lange son las “hermanas Amundsen” de Adanbuenosayres); Norah conservó el espíritu festivo y hospitalario de su juventud, y las reuniones se repitieron después, durante décadas, en la casa que compartió con su marido Oliverio Girondo. Fue activa participante de las revistas Prisma, Proa, Martín Fierro y la Revista Oral del Royal Keller. Sus primeros libros fueron de poesía: La calle de la tarde (1925), con prólogo de Borges, y Los días y las noches (1926); era entonces ultraísta, límpida e íntima. En 1927 apareció su primera novela, Voz de la vida, desconocida por no haberse reeditado nunca. De 1930 es su tercero y último volumen de poesía, El rumbo de la rosa, que marca un cambio hacia una construcción más seca y abstracta. En 1933, como relato de un viaje a Noruega que hizo en un barco carguero, apareció su novela (aunque no lo es exactamente, sino más bien un diario de viaje en tercera persona, escrito en presente) 45 días y 30 marineros, en el que prevalece una atmósfera sombría y algo siniestra (la travesía se realiza en un estado de alcoholización casi permanente) que anuncia la literatura existencialista. Muy distinto es el tono de Cuadernos de infancia (1937), uno de los más bellos y luminosos libros de memorias infantiles que se hayan escrito en la literatura latinoamericana, tan rica en el género. Antes que mueran (1944), libro inclasificable (estampas, relatos, poemas en prosa) es algo así como una reescritura adulta del anterior; a la narración convencional y plena la sustituye otra “vaciada”, abstracta; en ocasiones, al final del trozo aparece la clave que da sentido retrospectivo a lo que se ha leído; otras veces esa clave falta. A su vez, al final del volumen hay una oscura clave para el libro entero. El libro es uno de los más curiosos de la literatura argentina. No menos extrañas son las dos novelas Personas en la sala (1950) y Los dos retratos (1956), fábulas inmóviles, tétricas animaciones de museo de cera, de cerrado mundo de mujeres. En las dos se repite, como en el pasaje de Cuadernos de infancia a Antes que mueran, el tema de la mutación al mundo adulto como el acceso a un puro estilo formal vaciado de sentido. Aparte de todo lo anterior, están sus Discursos, recopilados por primera vez en 1942, luego ampliados con el título de Estimados congéneres. El estilo oral de Norah Lange es absolutamente distinto del que empleó para escribir (salvo que los discursos no fueron improvisados sino escritos; se trata de una elección): un estilo eufórico, barroco, hecho de pura riqueza; si hubiera que compararlo a algo, sería preciso recurrir a Lezama Lima, a Guimarães Rosa. Las fechas de estas piezas cubren toda la vida de la autora; pero su estilo, que evidentemente era el suyo esencial y peculiar, corre paralelo al del resto de su obra, sin contaminarla; no es imposible que la fría reticencia que caracteriza a sus novelas obedezca al esfuerzo de evitar esta exuberante marea de palabras.” (Buenos Aires, Emecé-Ada Korn Editora, 2001




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