martes, 3 de diciembre de 2013

MENENDEZ Y YO

RAMON VERDÚ

“La nuestra es una profesión invadida que impunemente ejercen algunos médicos, curanderos, pitonisas, chamanes, dietistas, abogados, decoradores, jueces retirados, economistas, policías encubiertos, curas, pronosticadores del tiempo, cocineros, espías, vedettes, travestis, actrices, modelos, políticos en decadencia, futbolistas, corredores de autos y algunos propietarios de medios de comunicación.
También están los que se erigen en fiscales, jueces y verdugos.
Nosotros solo somos periodistas que retratamos una realidad que no podemos modificar.
La misión que se me ha encomendado, es simplemente la de presentar un libro que ha escrito mi amigo y colega Ramón Verdú.
Sería tonto que les hablara de su sensibilidad especial, de vivencias incomparables, de injusticias y violencia, de angustias y padeceres.
Nosotros, los hombres libres por convicción, bien sabemos que el mejor estado del ser humano, es el de gozar la libertad.
Ramón Verdú es periodista, siempre lo fue y lo seguirá siendo.
Es un ladrón de imágenes; un curioso en la oscuridad; un ojo con gran angular de este a oeste y de sur a norte.
Siempre, incluso humillado por las rejas ominosas e injustas, Ramón Verdú nunca dejó de ser íntimamente libre, con esa serena libertad que solo anida en el alma de los decentes, de los profesionales que se rebelan ante los cantos de sirenas y otras falsedades.
La grandeza de los libres no radica en la práctica del olvido ni de la desmemoria, sino por el contrario, en la nostalgia que no sabe de cadenas, de cepos ni de mordazas.
El trabajo de Verdú no es una mera sucesión de vivencias noveladas o con pretensiones literarias.
Su trabajo tiene un enorme valor por su condición, más que de testigo, por haber sido protagonista de la historia.
Ramón lo vivió entre rejas, como a muchos de sus colegas nos tocó vivirlo dentro de un escenario de espanto, de sangre, de traiciones y de otras miserias.
Verdú es un sobreviviente de tiempos macabros.
Lo puede contar en su libro, sin temor a ser sospechado como “tocador de oído”.
Porque muchos de ellos, los tocadores de oído, son los que ahora han caído en el penoso error de considerarse los dueños de la verdad.
Ramón Verdú, colega y amigo, es tan libre como honesto.
No se lo contaron.
Le tocó padecerlo”.

Gonio Ferrari


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