miércoles, 24 de julio de 2013

Editorial La mariposa y la iguana POESIA

PARA EL ORDEN DE LA ORDEN

ANNA PINOTTI

"Inhumana./Festejo atrás del verbo las partes y la/ diferencia de género que no genero"
La forma de lo que limita cambia con el impacto. El cuerpo se debate y se revela en sus orificios. Como un orden que se carga y se descarga, esos poemas arremeten contra los vidrios tras los cuales los humanos duermen, licenciados como dios.
Andrea López Kosak

Una constante recorre el nuevo libro de Anna Pinotti: eso que no termina de nombrarse ni de escribirse, eso que se instala de a ratos en la ausencia,  que apunta y hace agujero.  Dos disparos certeros hacen de un hueco dos. Dos agujeros. En un vidrio a fondo negro. En tapa y como para arrancar (...)
Andrea Pineda


¿Qué define qué es humano y qué no?  ¿Qué experiencias están dentro de lo posible, de lo pensable? ¿Qué define los límites del género, del cuerpo? ¿Qué sucede con este cuerpo (físico pero también del texto) cuando no se comprende dentro de los marcos de la ley?

Acá hasta los pájaros dan asco. Fragmentos, girones atrapados en la hoja de la cuchilla ¿normalizadora? de la ley. Tal vez por eso el texto termine con una amputación: allí donde el sistema y su lenguaje agarra el cuerpo y no lo suelta, es decir el órgano productor, habrá que cortar por lo sano.

Texto experimental. Difícil. Intenso. Porque ataca los fundamentos del sentido, no se puede encontrar en ninguna forma: hay una progresión de imágenes que hacen recordar a un guión cinematográfico; evita la numeración de las páginas ubicando en su lugar una barra de progreso que se va cargando hasta el límite; la caja del texto de la prosa está comprimida y en continuo desplazamiento respecto de los ejes que marcan el centro de la hoja sin terminar de encontrar su lugar; porque experimenta con la forma, se podría decir con ligereza que pertenece a la poesía, pero no hay que confundir, su búsqueda no pasa ni por la belleza ni por el canto (que en última instancia tocan sin modificar nada).

La maravillosa poeta uruguaya, en este último libro, ataca por todos los flancos.

Anna Pinotti,    nació en      Montevideo, Uruguay, en 1973.
Publicó: Cataratas. Colección, El Don Vedado, Editorial Yügen. 2004. Obtuvo la beca Antorchas.
Actualmente reside en la ciudad de La Plata, y coordina espacios de investigación y experimentación poética.

El Juego de las Estatuas
Dafne Pidemunt
Este es un libro impiadoso. Ninguna piedad para la voz que lo sostiene, ninguna piedad para el lector. Todo el tiempo esa voz que se quiebra las piernas, que aúlla, que se despedaza, que sopla panaderos pero sin recordar la cábala y entonces se devora el hambre de su propia carne.
Esa voz, esa voz todo el tiempo, un hilito de voz, una nena, una huérfana que danza sobre la cuerda floja, sobre la soga tensa de su lengua que tuerce y retuerce los sentidos; y cuando calla, nombra; y escapa por el agujero de sus piernas; y recuerda canciones que nunca había escuchado. Ah... ¿La poesía era esto? ¿Huir hacia el peligro? ¿Acurrucarse en la intemperie de la nieve? ¿Descansar en el  horror?
Este libro es un lugar donde besar se besa sólo en la herida, donde el deseo es desalado y dulce pero extranjero y la muerte, una sombra en el espejo. Pero hay una música de aliteraciones para coser las alas allí de donde fueron arrancadas y retahílas donde persiste empecinado lo que no se ve.
Este libro es un cuerpo minado. Poemas donde merodea la ironía feroz que nos soplaba Thénon, donde suceden las batallas; campos donde se concentra el dolor de los golpes que nombraba Vallejo, donde la nena de papá y mamá se muerde el desamparo y nos obliga a vagar por el hospicio de ese dolor feroz. ¿Dónde está la que era yo, la que debí haber sido? Desde la edad más tierna muero bajo el ojo afilado de mi verdugo; sostengo el mundo que truena a mis espaldas. Y no hay respiro. Salvo, en el fugaz abrazo de la amada; salvo, en el precipicio de su voz; salvo, en el enfurecido amor de la poesía, en el vértigo de su voz.
De esta voz, no se sale indemne. De este libro no podemos salir sin habernos perdido antes, sin abandonarnos a las esquirlas de su sangre donde late lo que todavía nadie nos había dich
Ines Manzano


Prosas del desbarranco
Leticia Hernando

Porque a los que gritan se los amordaza, porque estuvimos gritando toda la noche, dueñas del silencio, y por bailar los barrancos más altos del desierto, doblada en mi cuerpo, tocada por la posibilidad de un verso, he bordado letras en un pulcro papel, tejido cajitas de Pandora. Implorado, feral y sin lenguaje, por una palabra que se abra. 
Solo ramilletes de papeles doblados que esa persona que se llama madre ha guardado, sin leer, junto a los libros infantiles.
Mas ay! madre, si supieras, cuanto en mí hay de silencio, cuanto en mí puede el vértigo.
(carníboras las palabras, hacen y deshacen. Y hasta puede que ya no me desarme.)
Una vez me ahogué. Y me sacaron de los pelos de un pozo de agua turbia y empantanada. Era invierno.
Luego me veo: cuerpo desnudo en un cuerpo inmaduro (leves pezones contra las costillas), temblando detenidas en las vísperas de la asfixia. Me arrancaban de la noche con una toalla áspera y blanda fregando la piel. Me volvían del silencio y no tenían palabras.
Y era casi una suerte no haberse muerto. Rodar la sangre por el cuerpo. No poder coagularse. Oscurecerse. Llevar la cuenta de un ritmo que tiende a cero.
Una vez me ahogué. De una vez y para siempre.


Solicitar libros a librosenlilith@gmail.com

No hay comentarios: