domingo, 2 de mayo de 2010

UN CUERPO: MIL SEXOS INTERSEXUALIDADES


Compilador:

JORGE RAÍCES MONTERO

Pedro Paradiso Sottile, Lohana Berkins, Liliana Hendel
Jorge Raíces Montero, Jorge Hinkle, Iñaki Regueiro de Giacomi,
Emiliano Litardo, Diana Maffia y Alejandro Modarelli

Editorial Topia - 2010

Este es un libro importante y necesario dada la escasa bibliografía que existe en castellano sobre el tema. Su resultado ha llevado a lo que plantea Jorge Horacio Raíces Montero: “No es casual que muchas personas intersexuales, eviten marcadamente, solicitar ayuda terapéutica o implementar consulta en Salud Mental.

Partiendo de la base que no existen unicausalidades sino policausalidades deberemos tener en cuenta algunos puntos principales que contribuyen a esta situación: discriminación del profesional; falta de formación e información en las temáticas Intersexuales; agotamiento de conductas alternativas por parte de la persona que transita la temática; falta de oferta profesional especializada en áreas de Salud e inexistencia de estudios, bibliografía o programas universitarios sobre la demanda específica.”

De allí el agradecimiento a quienes participaron, desde su extensa trayectoria, con textos donde encontramos diferentes miradas sobre la complejidad de la sexualidad humana como construcción histórica, social y política. En este sentido el sujeto intersexual construye una identidad sexual que cuestiona los modos clasificatorios de una cultura basada en la cómoda ideología binarista y los enlaces instituidos. Esos cuerpos al no aceptar que la anatomía defina el destino de su deseo establecen que la sexualidad no esta determinada biológicamente, es decir, ponen en evidencia cómo la sexualidad no es del orden del instinto sino del placer y, por lo tanto, no la podemos subordinar ni a la autoconservación ni a la procreación. Por ello el sufrimiento de algunos sujetos es efecto de una cultura que no acepta la estabilidad que han encontrado alrededor de un modo de constitución de su identidad o de una forma de ejercer su vida amorosa.
Esto nos lleva a establecer brevemente la diferencia entre normalidad y normalización.
Si el concepto de normalidad responde a un ideal de la cultura dominante que es imposible de ser alcanzado, lo cual lleva a la doble moral propia de cada etapa histórica; la normalización conlleva deberes y prohibiciones dictadas desde el poder que permite reproducir sus condiciones de dominación.

Por el contrario, podemos pensar un psicoanálisis que permita inaugurar una práctica clínica sostenida -al decir de Spinoza- en la potencia de ser. Desde esta perspectiva en la intimidad de cada sujeto lo “bueno” y lo “malo” como mandato del Superyó es reemplazado por la búsqueda de lo que le hace mal o bien en tanto limita o potencia su ser. De esta forma la salud no es igual a normalidad. Salud es la capacidad de poder encontrarnos con nuestros deseos y necesidades sabiendo que la posibilidad de la satisfacción adecuada sólo se puede lograr parcialmente. No sólo por efecto de la realidad externa que la limita sino por nuestra realidad en tanto somos seres imperfectos. Esta imperfección es la que nos define sujetos de una subjetividad como metáfora de un cuerpo construido por el aparato orgánico, psíquico y cultural. Es decir, de una subjetividad histórico-social-política.
El concepto de “salud”, si bien es gramaticalmente un sustantivo, en realidad es un verbo, es decir es una acción. La salud esta relacionada con el ser del sujeto. Es decir un ser que se constituye en acto, haciendo. Por ello la salud, como la vida, está éticamente constituida. Sobre ella no recae solamente una norma o un deber, sino una afirmación o una negación del sentido humano. Es sobre esta afirmación como potencia de ser que nos habla la ética de Spinoza. Es sobre esta afirmación de un sujeto imperfecto que podemos sostener la clínica psicoanalítica. Por ello los textos de este libro nos llevan a recordar una frase de Joseph Conrad: “Estrictamente hablando, la cuestión no es cómo ser curado, sino cómo vivir”.






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