viernes, 4 de abril de 2008

BOTERO



Claudio Dobal

Fragmentos como en un accidente. Sangre como en una violación. Silencios como en una despedida o en una traición. Traducción como en las colecciones populares. Cine como Tarantino. Barbarie en cierto modo como Sarmiento. Intertexualidad como los Simpsons. Lengua metafórica como Bolivar o Carpentier. Nausea como Sartre, peste como Camus. Caos como Aira. Carne como, por supuesto, la Sarli Sintagmas como heroísmo de comic mexicano, amor de película yanqui, pasión de novela brasilera. Humor, sin dudarlo, como cómico judío. Visión de hombre ciego. Coherencia de miniserie. Personajes del lugar común. Un Brando, un Travolta, un Chaplín. Homologación. Amalgama. Contagio. Palabras, expresiones, todo esto es lo que surge de la experiencia de lectura de Botero. Dobal desata un paquete de ratas que se difuminan en tres historias, en tres tiempos y en tres relatos. Un continuo oracional que, en su intimidad pública, deconstruye la mirada propia al ombligo. La literatura de baño o de veraneo. La fundación de los ritos y de los dioses. La música de prostíbulo y la de fábrica. La de ruta y de estación. Porque lo que en definitiva propone Botero es un viaje. Una travesía. Un dejarse naufragar por los ribetes de las palabras. De esas palabras que se leen en los gesto o en los manotazos de ahogado o incluso en los contornos de un cuerpo con excesos.

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